Bienvenidos a Isidro Música, el podcast donde exploramos el mundo del saxofón y la enseñanza musical. Soy Isidro Rodríguez, saxofonista, profesor y director del Centro de Educación Musical Isidro Rodríguez. Si quieres saber más sobre mi trabajo, acceder a clases online o conocer las agrupaciones de nuestra academia, te invito a visitar isidromusica.com. Ahora sí, disfrutemos juntos de este episodio.

Ahora sí, disfrutemos juntos de este episodio.
Hoy quiero hablarles de una noche muy especial. Una de esas noches en las que la música no aparece solo como entretenimiento, sino como memoria, como identidad y como punto de encuentro entre personas, generaciones y pueblos.
Ayer, sábado 23 de mayo, el Centro Municipal de Cultura de La Aldea de San Nicolás acogió un acto precioso con motivo de la presentación de la “Guía del Patrimonio Cultural y Paisajístico de La Aldea III. Un pueblo de Música: historia, arquitecturas, orquestas y creaciones”, una publicación de Francisco Suárez Moreno que pone en valor una parte fundamental de nuestra historia: la música de nuestro municipio.
Y digo fundamental porque, en La Aldea, la música no ha sido algo secundario. La música ha estado presente en nuestras fiestas, en nuestras bandas, en nuestras orquestas, en nuestras agrupaciones folclóricas, en nuestras familias, en nuestras plazas, en nuestras iglesias, en nuestros escenarios… y también en nuestra forma de entender la vida.
El acto formó parte de las actividades organizadas con motivo del Día de Canarias y también dentro de la conmemoración del Centenario del fin del Pleito de La Aldea, ese periodo histórico tan importante para nuestro municipio y que, de alguna manera, también marcó un resurgir cultural muy profundo.
Pero antes de hablar del libro, quiero comenzar por el inicio de la velada, porque fue realmente emocionante.
El acto lo abrió el Coro Errante de Nava, de Asturias, que se encuentra de visita en nuestra isla dentro de un intercambio cultural con La Aldea de San Nicolás. Y tengo que decirlo: fue un verdadero regalo escucharles.
Hay algo muy especial cuando un grupo que viene de tan lejos se sube a un escenario y comparte su música con tanto cariño. No era solo un coro cantando. Era una tierra sonando en otra tierra. Era Asturias encontrándose con Canarias a través de la voz, de la emoción y de la música.
Y mientras los escuchaba, no pude evitar recordar algo que para mí tiene mucho significado. Hace ya bastantes años, yo diría que entre diez y quince años, tuve la oportunidad de viajar a Asturias como director de la Banda Aires de La Aldea. En aquel momento fuimos nosotros quienes llevamos nuestra música hasta allí, quienes compartimos un concierto en tierras asturianas, y ahora, años después, hemos recibido aquí al Coro Errante.
De alguna manera, sentí que se cerraba y se abría un círculo al mismo tiempo.
Porque ahora la intención es que la Banda Pasión de La Aldea devuelva esa visita próximamente, ojalá a final de este mismo año, llevando de nuevo la música de nuestro municipio hasta Asturias. Y esta vez, nuevamente, con la responsabilidad y la ilusión de hacerlo como director.
Hay viajes que no son solo viajes. Hay conciertos que no son solo conciertos. Son lazos que se construyen poco a poco. Son amistades musicales. Son caminos que se cruzan y que, con suerte, vuelven a encontrarse.
Además, antes del acto pudimos compartir un almuerzo con el Coro Errante, y tuve la suerte de conversar con su director. Fue una de esas conversaciones que surgen casi sin planearlo, pero que se quedan dentro.
Hablamos de música, pero también de personas. De cómo dirigir grupos humanos. De cómo trabajar con alumnado joven, con personas adultas, con personas mayores. Él me contaba su experiencia dirigiendo coros en contextos educativos, incluso con alumnado interno en centros, y también su experiencia actual con un coro formado por personas de media edad en adelante.
Y me sorprendió muchísimo la conexión que tuvimos en tan poco tiempo.
A veces uno piensa que cada director vive una realidad completamente distinta, pero luego te sientas a hablar y descubres que muchas preocupaciones son las mismas: cómo motivar, cómo cuidar el ambiente, cómo sacar lo mejor de cada persona, cómo exigir sin romper, cómo acompañar sin dejar de avanzar.
Y eso, para mí, fue también parte del encuentro. No solo lo que ocurrió sobre el escenario, sino lo que ocurrió alrededor. Porque la música también se construye en esas conversaciones, en esos almuerzos compartidos, en esas ideas que cruzan kilómetros y acaban encontrándose en una mesa.
Después llegó la presentación del libro de Francisco Suárez Moreno, y ahí la emoción tomó otra forma.
Ver publicado un trabajo dedicado al patrimonio musical de La Aldea es algo muy importante. Porque muchas veces vivimos la cultura en el día a día, participamos en ella, ensayamos, tocamos, organizamos conciertos… pero no siempre nos detenemos a documentarla, a contarla, a dejarla escrita para que las próximas generaciones entiendan de dónde vienen.
Y este libro viene precisamente a eso: a recordar, a ordenar, a valorar y a mostrar que La Aldea tiene una historia musical profunda.
Una historia hecha de bandas de música, agrupaciones, orquestas, compositores, músicos populares, espacios, arquitectura, fotografías, recuerdos y nombres propios que han ido construyendo la identidad sonora de nuestro pueblo.
A veces parece que la música empieza en el concierto que tenemos delante, pero no. Cada concierto viene de mucho antes. Viene de quienes tocaron antes que nosotros, de quienes fundaron agrupaciones, de quienes enseñaron sin tener grandes medios, de quienes ensayaron en condiciones difíciles, de quienes mantuvieron viva una tradición cuando no era tan fácil hacerlo.
Por eso este tipo de publicaciones son tan necesarias. Porque nos ayudan a mirar hacia atrás con respeto y, al mismo tiempo, a mirar hacia adelante con más responsabilidad.
Durante el acto también se realizó un reconocimiento a músicos, bandas, agrupaciones folclóricas, grupos y orquestas que han contribuido al desarrollo cultural de nuestro municipio. Y en lo personal, fue una noche muy emocionante, porque tuve el honor de recoger varios reconocimientos relacionados con proyectos que forman parte de mi vida.
Recogí el reconocimiento al Centro de Educación Musical Isidro Rodríguez, nuestra escuela de música. Un proyecto que nació con muchísima ilusión y que, con el paso de los años, se ha convertido en una casa musical para muchos alumnos, familias y agrupaciones.
También recogí el reconocimiento a la Banda Pasión de La Aldea, una agrupación que cada vez siento más consolidada, más viva y más necesaria dentro de nuestro municipio.
Y también el reconocimiento a la Orquesta Melody, que para mí tiene un valor emocional enorme.
Quienes escuchan este podcast desde hace tiempo ya saben lo que significa la Melody para mí. No es solo una orquesta. Es un reencuentro con una parte de mi historia musical. Es volver a compartir escenario con personas con las que crecí musicalmente. Es reencontrarme con esa música latina, con los merengues, con las verbenas, con la memoria de tantas fiestas y tantos momentos.
Y además, en este caso, poder recibir ese reconocimiento dirigiendo la orquesta y formando parte activa de ella me llenó de felicidad.
Me siento muy afortunado de poder pertenecer a tantas realidades musicales de mi pueblo. A veces lo pienso y me impresiona: la escuela, la banda, la Big Band, la Orquesta Melody, los proyectos formativos, los conciertos, los encuentros… Todo eso forma parte de una misma familia musical que sigue creciendo.
Y precisamente hablando de crecer, también quiero dejar caer algo. No puedo contar demasiado todavía, pero estamos trabajando con nuevos metales. De momento no hablo de incorporaciones inmediatas ni quiero adelantar nada más de la cuenta, pero sí puedo decir que se están moviendo cosas bonitas. Alguna sorpresa hay por ahí, y cuando toque contarlo, lo contaremos.
La noche terminó con la participación de la Big Band Isidro Rodríguez, que interpretó cuatro temas. Y tengo que decir que fue una alegría enorme ver la reacción del público.
Muchas personas se acercaron después para decirnos que les había gustado muchísimo, que se habían quedado con ganas de seguir escuchándonos, que sonábamos muy bien y que deberíamos hacer más conciertos.
Y eso, claro, siempre se agradece. Pero también me hizo pensar.
Porque nuestra escuela de música y nuestras agrupaciones organizan muchos conciertos a lo largo del año. La Big Band ya ha actuado recientemente, también en actividades formativas y en otros eventos. La Banda Pasión de La Aldea realiza conciertos, la escuela participa en diferentes propuestas, la Melody sigue activa… pero muchas veces hay personas que no suelen venir, quizás por rutina, por desconocimiento o simplemente porque no saben lo que se están perdiendo.
Y lo bonito es que cuando vienen, muchas quieren repetir.
Eso me confirma algo que siempre he pensado: en nuestro municipio hay una actividad cultural muy potente, pero necesitamos seguir acercándola, seguir comunicándola y seguir invitando a la gente a vivirla en directo.
Porque escuchar una agrupación en redes está bien. Ver una foto está bien. Leer una publicación está bien. Pero estar allí, sentir el sonido de una Big Band en directo, escuchar un coro invitado, vivir la presentación de un libro, reconocer a quienes han construido la música de un pueblo… eso es otra cosa.
Eso se queda.
Y creo que la noche de ayer fue precisamente eso: una noche que se queda.
Se queda por el Coro Errante y su música. Se queda por el libro de Francisco Suárez Moreno. Se queda por los reconocimientos. Se queda por la emoción de recordar lo que fuimos, valorar lo que somos y soñar con lo que todavía podemos llegar a ser.
Ojalá este encuentro con Asturias tenga continuidad. Ojalá podamos devolver esa visita con la Banda Pasión de La Aldea. Ojalá sigamos creando puentes culturales, musicales y humanos.
Y ojalá cada vez más personas se acerquen a nuestros conciertos, a nuestras actividades y a nuestra vida musical. Porque la música de La Aldea no es algo pequeño. Es parte de nuestro patrimonio. Es parte de nuestra identidad. Es parte de lo que somos.
Gracias al Ayuntamiento de La Aldea de San Nicolás, a la FEDAC del Cabildo de Gran Canaria, a Francisco Suárez Moreno por este trabajo tan necesario, al Coro Errante de Nava por su visita y su música, y a todas las personas que siguen haciendo posible que nuestro pueblo suene.
Y gracias también a quienes estuvieron ayer escuchando, aplaudiendo y compartiendo una noche tan bonita.
Nosotros seguiremos trabajando. Seguiremos ensayando. Seguiremos formando músicos. Seguiremos creando espacios para que la música viva.
Porque cuando un pueblo cuida su música, también cuida su memoria.
Y cuando un pueblo suena, algo de su historia sigue latiendo.
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