96.- Selmer Tenor Jazz Tribute

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96.- Selmer Tenor Jazz Tribute
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Bienvenidos a Isidro Música, el podcast donde exploramos el mundo del saxofón y la enseñanza musical. Soy Isidro Rodríguez, saxofonista, profesor y director del Centro de Educación Musical Isidro Rodríguez. Si quieres saber más sobre mi trabajo, acceder a clases online o conocer las agrupaciones de nuestra academia, te invito a visitar isidromusica.com. Ahora sí, disfrutemos juntos de este episodio.

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Hoy quiero hablarles de algo que a los saxofonistas nos encanta, aunque a veces intentemos disimularlo: probar material nuevo.

Y en este caso, no se trata de una caña cualquiera, ni de una abrazadera, ni de un accesorio pequeño. Hoy quiero hablarles de una boquilla que me autorregalé por mi cumpleaños, allá por febrero, y que he podido probar por primera vez hace muy poquito: la Selmer Jazz Tribute 7* para saxofón tenor.

Una boquilla que, desde que salió, me llamó muchísimo la atención. Primero, porque es Selmer. Segundo, porque es una boquilla de metal. Y tercero, porque lleva ese nombre tan sugerente: Jazz Tribute. Solo con eso ya te invita a pensar en sonido, historia, elegancia, proyección, jazz, música moderna… y claro, uno cae.

La boquilla está pensada para saxofón tenor, es de metal, chapada en oro, con una abertura 7* de 2,67 milímetros, fresado CNC de alta precisión, inspección óptica en 3D, y viene con abrazadera y boquillero. Selmer la presenta como una boquilla con buena proyección, sonido equilibrado en todos los registros y facilidad de control. Además, aparece disponible desde marzo de 2025 en Thomann, así que estamos hablando de una incorporación bastante reciente al mercado.

Y aquí viene lo interesante: cuando uno ve una boquilla de metal, dorada, con ese acabado tan llamativo, automáticamente piensa en una cosa: brillo.

Mucho brillo.

Ese sonido abierto, potente, agresivo si hace falta, que atraviesa la mezcla y que en estilos como el merengue, la salsa, el mambo o el jazz más moderno puede venir muy bien.

De hecho, yo la compré pensando un poco en eso. Mi idea inicial era tener una boquilla que pudiera usar también para música latina, para esos contextos donde necesitas presencia, ataque, proyección y un sonido que no se quede escondido detrás de la percusión, el bajo, el piano, los metales o las voces.

Y claro, la primera prueba la hice con una caña que conozco muy bien: la Legere American Cut, que es la que suelo utilizar para música moderna, tanto jazz como música latina, merengue, y también para grabar los Viernes de Mambo.

Así que tenía una referencia bastante clara. No estaba probando la boquilla con una caña desconocida ni en un contexto raro. Era una combinación que, en principio, debería haberme dado una idea bastante directa de hacia dónde iba el sonido.

Y la sorpresa fue inmediata.

Porque la primera sensación no fue: “guau, qué brillante”.
La primera sensación fue más bien: “guau… esto no es lo que esperaba”.

Y lo digo en el mejor sentido.

No me encontré con una boquilla exageradamente abierta de sonido. No me encontré con ese brillo descontrolado que a veces asociamos a ciertas boquillas de metal. Tampoco con una respuesta salvaje o difícil de domar.

Todo lo contrario.

Me encontré con una boquilla muy controlada, muy centrada, con una textura realmente dulce. Una boquilla que, desde los primeros minutos, me transmitió una sensación de calidad, de equilibrio y de comodidad muy especial.

Es curioso porque visualmente parece que te va a llevar hacia un sonido mucho más explosivo, pero luego, al tocarla, te das cuenta de que tiene una personalidad más elegante. No es una boquilla que grite sin más. No va únicamente de volumen. Va más de densidad, de cuerpo, de control, de respuesta.

Y eso me gustó muchísimo.

De hecho, me dejó con muy buen sabor de boca desde el primer momento. La probé apenas unos 10 o 15 minutos, así que todavía no puedo hacer una reseña definitiva ni sacar conclusiones cerradas. Pero sí puedo decir algo con bastante seguridad: me enamoró desde el primer segundo.

Luego, buscando información y opiniones de otros saxofonistas, me llamó la atención que algunas reseñas coinciden bastante con esa sensación. Por ejemplo, en una reseña publicada por Best Saxophone Website Ever, Zachary Sollitto comenta que no la percibe como una simple copia de una Otto Link vintage ni como una recreación de modelos antiguos de Selmer, sino como una boquilla con voz propia. Y además destaca algo que conecta mucho con mi experiencia: que tiende hacia un sonido más oscuro, aunque puede aclararse jugando con las cañas y el apoyo del aire.

Y eso, sinceramente, me parece una de las claves de esta boquilla.

Porque muchas veces, cuando buscamos una boquilla de metal para tenor, pensamos que necesariamente tiene que ser brillante, muy abierta, muy potente, casi agresiva. Y esta Selmer Jazz Tribute parece ir por otro camino. Tiene metal, tiene presencia, tiene proyección, pero también tiene una redondez y una dulzura que no siempre encuentras en este tipo de boquillas.

También hay otras descripciones de tiendas especializadas que la sitúan precisamente en esa línea: una boquilla pensada para jazz y música moderna, pero con un sonido equilibrado, redondo y expresivo.

Ahora bien, no todo fue exactamente como yo pensaba.

Si hablamos concretamente de música latina, y especialmente de merengue, mi primera impresión es que la proyección no fue exactamente la que yo esperaba. Al menos con la caña con la que la probé en ese momento.

No quiero decir que no proyecte. Proyecta. Pero no tiene ese punto tan directo, tan cortante o tan agresivo que quizás uno espera cuando ve una boquilla de metal dorada y piensa: “esto tiene que salir disparado”.

Creo que aquí está el matiz importante. Es una boquilla con proyección, sí, pero una proyección controlada. No es una boquilla que te empuje automáticamente hacia un sonido chillón o excesivamente brillante. Y eso puede ser una ventaja enorme dependiendo de lo que busques.

En mi caso, creo que puede funcionar muy bien si encuentro la combinación adecuada de caña. Probablemente con una caña un poco más blanda de lo habitual pueda sacar ese punto extra de respuesta, flexibilidad y pegada que necesito para tocar música latina, sin perder el control ni la dulzura del sonido.

Y ahí es donde se abre una posibilidad muy interesante: que no sea solo una boquilla para jazz, ni solo una boquilla para tocar moderno, sino una boquilla muy versátil.

Una boquilla que pueda servirme para una big band, para un contexto de música moderna, para grabar, para tocar ciertos estilos latinos, e incluso para buscar un sonido más personal en situaciones donde no quiero sonar excesivamente brillante.

Y esto me parece importante porque, como saxofonistas, muchas veces entramos en la trampa de clasificar demasiado rápido el material.

Esta boquilla es para jazz.
Esta es para clásico.
Esta es para salsa.
Esta es para estudiar.
Esta es para directo.

Y sí, evidentemente hay boquillas que están más orientadas a unos estilos que a otros. Pero luego está la realidad: tu sonido, tu caña, tu instrumento, tu manera de soplar, tu concepto musical y el contexto donde vas a tocar.

Una misma boquilla puede comportarse de forma muy distinta según la caña, según el saxofón, según la sala, según si estás solo, con una banda, con micrófono o en una mezcla con percusión y metales.

Por eso tengo muchas ganas de probarla con más calma.

Hoy precisamente tengo ensayo con la Big Band, y ahí quiero ver cómo responde en un contexto real. No es lo mismo probarla en casa, tocando unas notas largas, unas escalas o un fragmento suelto, que ponerla a trabajar dentro de una agrupación, con volumen, con ritmo, con repertorio, con presión real y con la necesidad de escuchar y ser escuchado.

Ahí es donde de verdad se sabe si una boquilla funciona.

Porque una boquilla puede enamorarte en los primeros cinco minutos, pero luego hay que ver si te aguanta un ensayo completo. Si afina bien. Si no te cansa. Si responde en el registro grave. Si el agudo no se abre demasiado. Si puedes tocar piano sin que se muera el sonido. Si puedes apretar cuando hace falta sin que se descontrole.

Y eso es lo que todavía tengo pendiente.

De momento, lo que puedo decir es que esta Selmer Jazz Tribute 7* me ha sorprendido muchísimo. No por ser exactamente lo que esperaba, sino por todo lo contrario. Esperaba una boquilla más brillante, más abierta, más explosiva, y me encontré con una boquilla mucho más elegante, dulce, controlada y con un sonido que invita a tocar cómodo.

Y eso, para mí, vale mucho.

Porque al final, cuando una boquilla te hace sentir bien desde el primer momento, hay algo ahí. Luego habrá que trabajarla, probar cañas, ajustar sensaciones, ver si encaja con el repertorio, con el grupo y con el sonido que quiero construir. Pero esa primera conexión es importante.

Además, me gusta que Selmer haya apostado por una boquilla de metal con identidad propia. No parece simplemente un intento de competir con las grandes boquillas clásicas de jazz del mercado, sino una propuesta diferente: una boquilla moderna, precisa, bien acabada, pero con una idea sonora bastante clara.

Y quizás por eso me ha gustado tanto. Porque no intenta ser solo llamativa. No se queda en el dorado, en el metal o en la estética. Tiene algo más.

Tiene personalidad.

Así que este episodio no pretende ser una reseña definitiva. Prefiero llamarlo primeras impresiones. Primeras sensaciones. Ese momento en el que abres la caja, colocas la caña, soplas por primera vez y sabes si algo te dice algo o no.

Y en este caso, me dijo mucho.

Ahora falta convivir con ella. Llevarla al ensayo. Probarla con la banda. Ver si responde en música latina. Ver si se adapta a los Viernes de Mambo. Ver si funciona con una caña más blanda. Ver si puede convertirse en una de esas boquillas que no solo pruebas, sino que se quedan contigo.

De momento, la sensación es muy buena.

Muy buena.

Y si tú también has probado la Selmer Jazz Tribute, me encantaría saber qué te ha parecido. Qué caña usas, en qué estilo la estás tocando, si la notas más oscura o más brillante, si te ha sorprendido como a mí o si esperabas otra cosa.

Porque al final, hablar de boquillas es hablar de sonido, pero también de sensaciones. Y cada saxofonista vive esa relación de una manera distinta.

Gracias por acompañarme una semana más en Isidro Música. Nos escuchamos muy pronto, seguramente con más impresiones después de probar esta boquilla en ensayo real.


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