80.- Mi secreto en las verbenas

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Isidro Música
80.- Mi secreto en las verbenas
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Bienvenidos a Isidro Música, el podcast donde exploramos el mundo del saxofón y la enseñanza musical. Soy Isidro Rodríguez, saxofonista, profesor y director del Centro de Educación Musical Isidro Rodríguez. Si quieres saber más sobre mi trabajo, acceder a clases online o conocer las agrupaciones de nuestra academia, te invito a visitar isidromusica.com. Ahora sí, disfrutemos juntos de este episodio.

Episodio #1


Hoy vengo con un tema distinto, simpático y que seguro les va a sorprender. No voy a hablar de cañas, ni de boquillas, ni de métodos de estudio… sino de un instrumento que se ha convertido en mi secreto en las verbenas y en muchos de los conciertos recientes que hemos hecho con la Orquesta Melody. Y lo más curioso de todo: no es un saxofón tradicional. Es el Yamaha YDS-150, un saxofón digital que me ha dado momentos tan divertidos como útiles.

Todo empezó por una necesidad muy concreta. En la Melody nos hacía falta un trompetista, y en ese momento no era fácil conseguirlo. Y claro, cuando estás en una orquesta de baile, no puedes dejar ese hueco vacío. Así que pensé: “¿Y si saco el saxofón digital y lo configuro con sonido de trompeta?” Y dicho y hecho. Lo compré con esa idea en mente: tener la posibilidad de cubrir instrumentos que a veces faltan en una banda u orquesta. Lo que no imaginaba era que iba a convertirse en protagonista de tantas anécdotas.

En las últimas semanas lo he usado en varios conciertos importantes. En las fiestas de la playa de La Aldea, en honor a la Virgen del Carmen, hubo gente que después del concierto se me acercó para preguntarme qué clarinete era ese que estaba tocando. ¡Imagínense mi cara! Yo tocando “de trompeta” y el público convencido de que había visto un clarinete en el escenario. Y fue precisamente allí, en la playa, donde pasó un momento inesperado: se fue la luz por unos segundos y mi instrumento dejó de sonar. Fue una de esas escenas en las que no sabes si reír o llorar, porque claro, con un saxofón acústico eso nunca te pasa. Por suerte todo volvió enseguida y seguimos adelante sin problema.

En el Festival Latino de Agaete, a pleno sol, pensé que el instrumento iba a sufrir con el calor, pero aguantó como un campeón. Y el sábado pasado lo llevé también a la elección de la Reina de las Fiestas de La Aldea, donde volvió a sorprender al público. Y este próximo fin de semana lo estaré usando en Fuerteventura, donde tenemos actuaciones sábado y domingo.

Pero no solo el público se sorprende. Entre los propios músicos también genera muchas bromas. Algunos trompetistas compañeros me han dicho: “Isidro, quédate en la trompeta, que no se te da nada mal”. Y yo, que llevo toda la vida como saxofonista, no puedo más que reírme con esos comentarios. Lo cierto es que me divierto muchísimo, porque este instrumento me permite hacer cosas distintas en los ensayos y en las verbenas. No es que vaya a cambiar el saxofón por la trompeta, tranquilos, pero sí me gusta experimentar y disfrutar de la sorpresa que provoca.

Y claro, en las redes también genera curiosidad. Cada vez que subo un short ensayando con la Melody, me llegan mensajes preguntando: “¿Cómo haces para que ese saxofón suene como trompeta?” La respuesta es sencilla: lo conecto a mi Mac y a programas como Logic Pro o GarageBand, y a través de ahí saco los sonidos. Así consigo que en los ensayos y conciertos no falte ese timbre que tanto se necesita en una orquesta de baile.

Más allá de la parte divertida, este instrumento tiene también un valor educativo muy grande. Permite estudiar con auriculares, sin molestar a nadie en casa, algo que para muchos alumnos sería una maravilla. También ayuda a experimentar con la digitación y la articulación de una forma diferente. Al principio cuesta acostumbrarse, sobre todo en los pasajes rápidos, pero luego resulta una herramienta muy práctica. Y lo mejor es que te da acceso a otros instrumentos que normalmente no tienes en tu banda o en tu agrupación. En la Big Band, por ejemplo, lo hemos llegado a usar con sonido de bajo eléctrico cuando no había bajista, y ha funcionado perfectamente. Eso demuestra la versatilidad que puede llegar a tener.

Por supuesto, hay cosas que nunca se pueden sustituir. El sonido natural y expresivo del saxofón acústico no lo reemplaza ninguna máquina. Esa riqueza tímbrica, esa vibración en el aire, esa conexión con el público… eso es insustituible. Pero sí reconozco que el YDS-150 es muy cómodo, sobre todo cuando lo uso configurado como barítono. Pesa mucho menos que un barítono real, y sin embargo el sonido que logra es sorprendentemente convincente. Así que para ciertos contextos es un aliado muy útil.

Lo más bonito de todo esto es que me ha devuelto un punto de juego, de sorpresa y de creatividad que a veces perdemos cuando estamos demasiado centrados en la perfección del estudio. Hay momentos en mitad de una verbena en que me escucho y pienso: “Isidro, ¿de verdad estás tocando una trompeta con un saxofón?” Y sí, ahí estoy, pasándomelo bien, viendo las caras del público y disfrutando de la música de otra manera.

Estoy convencido de que estos instrumentos digitales tienen mucho futuro. No solo como curiosidad o como juguete, sino como herramientas de trabajo reales. Pueden ayudar en la educación, en los ensayos silenciosos, en la creación de nuevos timbres y, por qué no, en resolver problemas en conciertos cuando falta un instrumento. Hoy lo uso como trompeta, mañana como barítono, pasado como bajo eléctrico… y cada vez me sorprende más lo versátil que puede llegar a ser.

En definitiva, este saxofón digital se ha convertido en mi secreto en las verbenas. Me divierte, me sorprende, me hace reír con las reacciones de la gente y, además, me da herramientas nuevas como músico y como docente. No lo cambiaría por mi saxofón acústico, pero sí lo recomiendo como una forma distinta de disfrutar y aprender música.

Y ahora les lanzo una pregunta: ¿qué instrumento raro o accesorio han usado ustedes alguna vez para divertirse o para resolver un problema en su banda o agrupación? Seguro que hay historias buenísimas, y me encantaría conocerlas.


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¡Hasta la próxima!