Bienvenidos a Isidro Música, el podcast donde exploramos el mundo del saxofón y la enseñanza musical. Soy Isidro Rodríguez, saxofonista, profesor y director del Centro de Educación Musical Isidro Rodríguez. Si quieres saber más sobre mi trabajo, acceder a clases online o conocer las agrupaciones de nuestra academia, te invito a visitar isidromusica.com. Ahora sí, disfrutemos juntos de este episodio.

Hola a todos, bienvenidos a este episodio tan especial del podcast. Hoy no te hablo desde la rutina, ni siquiera desde la emoción habitual de los proyectos musicales. Hoy te hablo desde un lugar muy profundo, porque quiero contarte algo que llevamos construyendo con muchísimo trabajo y amor desde hace más de un año y medio.
El próximo domingo 8 de junio, a las 19:00 h, tendrá lugar en el Centro Municipal de Cultura de La Aldea de San Nicolás uno de los conciertos más importantes que hemos realizado: la 2ª edición del concierto Bandas Sonoras.
Y lo digo sin exagerar: es mucho más que un concierto. Es una apuesta artística, emocional y educativa que reúne música, proyecciones, narraciones, baile, e incluso la participación de colectivos e invitados especiales, que… no puedo revelar aún, pero te aseguro que marcarán la diferencia.
Hoy no solo te voy a contar lo que vas a ver, sino también lo que no se ve: las horas infinitas de ensayo, las dudas, el esfuerzo del alumnado, los errores que se convirtieron en aprendizajes… y la ilusión, siempre la ilusión.
Bandas Sonoras, 2ª edición, es mucho más que un título bonito. Es una declaración de intenciones.
Este año decidimos repetir la experiencia que tan buena acogida tuvo en su primera edición, pero llevándola mucho más lejos. No queríamos quedarnos en lo musical. Queríamos construir un espectáculo multisensorial, que combinara el poder narrativo del cine con la fuerza expresiva de la música en directo.
El repertorio gira principalmente en torno a música de películas Disney, pero hemos incluido también algunas obras fuera de ese universo para dar más variedad emocional y tímbrica al espectáculo. No quiero hacer spoilers, pero te aseguro que si amas el cine, si alguna vez se te ha puesto la piel de gallina escuchando una banda sonora, este concierto está hecho para ti.
Además de la Banda Pasión de La Aldea, contaremos con la participación de colectivos sorpresa que aportarán baile, dramatización y otros elementos escénicos. Hemos diseñado una puesta en escena cuidada, con narraciones que conectan las piezas, proyecciones sincronizadas con la música y detalles que harán que cada momento tenga alma propia.
Y algo muy importante: la entrada será con pago previo y está ya disponible en nuestro centro. Las entradas vuelan, literalmente, porque sabemos que este tipo de eventos no se viven todos los días en La Aldea. Así que, si no tienes tu entrada, pásate por el centro. No te lo querrás perder.
Si hay algo que define este proyecto, más allá de lo artístico, es su dificultad técnica y logística.
La Banda Pasión de La Aldea está formada por músicos de diferentes edades y niveles, desde jóvenes estudiantes a músicos más experimentados. Diseñar un repertorio de alto nivel técnico y emocional, y lograr que todos puedan interpretarlo con solvencia y seguridad, ha sido un reto enorme.
Las obras que hemos elegido tienen pasajes complejos: rítmicamente exigentes, armónicamente densos, con cambios de tempo, matices muy detallados y líneas melódicas que requieren una gran sensibilidad. Además, muchas de estas piezas están pensadas originalmente para orquesta sinfónica o para contextos profesionales, no para una banda amateur.
Hemos tenido que hacer adaptaciones, arreglos, ensayos de sección, sesiones específicas para cada instrumento, y todo esto sin detener el ritmo habitual del curso escolar.
Y aquí es donde entra el verdadero protagonista de este episodio: el alumnado.
Muchos de ellos son adolescentes que compaginan sus estudios en el instituto, sus actividades personales y su vida familiar con ensayos semanales… y en los últimos meses, incluso más de tres ensayos por semana.
No hay palabras suficientes para explicar el nivel de esfuerzo y de compromiso que esto ha supuesto. Llegaban cansados, pero no fallaban. A veces no tenían tiempo ni para merendar, pero ahí estaban, con su instrumento preparado, dispuestos a repetir ese pasaje difícil una y otra vez.
Es muy fácil subirse a un escenario y aplaudir cuando suena bien. Pero pocas veces se reconoce lo que hay detrás: las dudas, la frustración, el cansancio, la disciplina.
Hoy yo quiero que ese reconocimiento llegue. Porque se lo han ganado con creces.
Y aquí quiero hablar desde lo personal.
Como director de este proyecto, he tenido que sostener no solo la parte musical, sino también la emocional. Y no ha sido fácil.
En más de una ocasión me he preguntado si me había equivocado. Si las obras eran demasiado difíciles. Si estaba pidiendo demasiado a un grupo que ya tenía bastante con sus obligaciones diarias.
He visto a muchos músicos del grupo sufrir en solitario, repasar una y otra vez una frase que no salía, frustrarse porque no encontraban el sonido que buscaban… y me he sentido impotente. Porque, aunque intentamos dar todo desde la dirección, hay cosas que solo pueden lograr ellos. Y eso duele.
He pasado noches enteras escuchando grabaciones, analizando partituras, pensando cómo facilitarles el camino… y en ocasiones, he llegado a sentir que no estaba a la altura.
Pero siempre volvía a lo mismo: confianza y paciencia. Sabía que lo lograrían. Que tarde o temprano, todo ese trabajo daría sus frutos. Y así ha sido.
Hoy, cuando los escucho, cuando veo cómo se apoyan entre ellos, cómo crecen como músicos y como personas, sé que tomamos el camino correcto.
Este concierto no solo ha sacado lo mejor de ellos. También ha sacado lo mejor de mí.
Pero no todo ha sido tensión y trabajo duro. También ha habido muchas risas. Muchas.
Ensayar durante tantos meses da para mucho. Hemos tenido momentos absolutamente cómicos: errores de interpretación que se convertían en carcajadas contagiosas, confusiones de tempo, entradas a destiempo que convertían una escena épica en algo que parecía sacado de una comedia.
Y sí, también yo he tenido mis momentos estelares como director. Algún gesto mal interpretado por la banda, entradas que olvidé marcar, cambios de dinámica que sólo estaban en mi cabeza… en fin, errores que nos han enseñado a tomarnos el proceso con más humanidad.
Estos momentos han sido esenciales. Porque nos han ayudado a liberar tensión, a crear un ambiente de confianza, y a recordarnos que, aunque queremos hacer las cosas bien, esto también va de disfrutar. Y de hacerlo juntos.
Ahora que se acerca el gran día, me preguntan mucho: “¿Estás nervioso?”, “¿Qué esperas del concierto?”, “¿Crees que van a impresionar?”.
Y la respuesta es sencilla: no. No quiero impresionar a nadie.
Mi mayor expectativa es que cada uno de los músicos que suba al escenario se baje pensando: “Ha merecido la pena”.
Que se sientan orgullosos de lo que han hecho. Que conecten con el público, sí, pero sobre todo, que conecten consigo mismos y con sus compañeros. Que vivan ese momento con plenitud.
Porque si eso ocurre, entonces sí, el público lo sentirá. Lo vivirá con nosotros. Y esa es la magia real de la música.
Este concierto no es para demostrar nada. Es para celebrar todo lo que hemos vivido y superado. Para abrazar el proceso, no solo el resultado.
Antes de despedirme, quiero mirar a cada uno de los componentes de la Banda Pasión de La Aldea, y decirles algo desde lo más profundo: gracias.
Gracias por estar. Gracias por seguir. Gracias por no rendirse.
Gracias a las familias que han entendido lo que esto significaba. A los compañeros que han ayudado, corregido, apoyado. A los invitados y colectivos que se han sumado con tanta generosidad.
Y gracias a ti, que estás escuchando este episodio. Porque estás acompañando también este camino.
Nos vemos el domingo 8 de junio. Allí estaremos. No para impresionar, sino para compartir todo lo que somos.
Y cuando suene la primera nota, sabremos que todo este camino, con sus altos y bajos, habrá merecido la pena.
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¡Hasta la próxima!