Bienvenidos a Isidro Música, el podcast donde exploramos el mundo del saxofón y la enseñanza musical. Soy Isidro Rodríguez, saxofonista, profesor y director del Centro de Educación Musical Isidro Rodríguez. Si quieres saber más sobre mi trabajo, acceder a clases online o conocer las agrupaciones de nuestra academia, te invito a visitar isidromusica.com. Ahora sí, disfrutemos juntos de este episodio.

Hoy quiero contarte cómo volvió a la vida una orquesta que marcó época en La Aldea: la Orquesta Melody. Y cómo, sin esperarlo, acabó convirtiéndose en uno de los proyectos más bonitos y emocionantes que estoy viviendo ahora mismo.
La historia de la Orquesta Melody empieza hace 37 años… sí, 37. Pero durante 27 años, estuvo completamente parada. Nadie pensaba que volvería a sonar.
Hasta que hace dos años, Alejandro, gran amigo mío y pianista de la orquesta, me llamó y me soltó:
“¿Y si volvemos a montar la Melody para las fiestas patronales, aunque sea una vez?”
Y claro, no pude decir que no. Era la oportunidad perfecta para reencontrarme con gente con la que compartí escenario de niño, revivir esa música que tanto me gusta… y pasarlo bien, que también hace falta.
La idea era tocar solo ese verano, algo puntual. Pero lo que pasó esa noche fue increíble. El público se volcó con nosotros, y sentimos una energía tan fuerte que dijimos: “Oye, ¿y por qué no seguimos?”
Una de las cosas que más me gusta de estar en esta orquesta es el repertorio. De verdad… me encanta.
La música latina me vuelve loco, y los merengues ya ni te cuento. Es lo que he escuchado toda mi vida, desde que era un crío con el saxofón en las manos.
Tocamos canciones que son auténticos himnos en nuestras verbenas: La Ventanita, que la canta Rufino (un crack y alma de la orquesta); Si una vez, con Carolina; Maniquí, con Juan Carlos; o Jardín Prohibido, que canta el propio Alejandro.
Cada vez que suena una de esas, el público se viene arriba. Se cantan los temas, se bailan, se emocionan. Y ahí es donde te das cuenta de que esto no es solo música… es memoria, es fiesta, es identidad.
Y lo más fuerte de todo esto es que yo ya había tocado con varios de los que están ahora en la Melody… pero cuando tenía 9 años.
Estuve en una orquesta que se llamaba Swing Latino, desde los 9 hasta los 14. Allí tocaba el saxo alto y compartía escenario con Alejandro, Juan José y Óscar Luis, que hoy son el pianista, bajista y percusionista de la Melody.
Y ¿sabes qué es lo más bonito? Que en esa época sacábamos las canciones de oído. No teníamos partituras ni arreglos, era todo a pulmón. Alejandro me enseñó a escuchar los temas, y juntos montábamos los papeles de todos los instrumentos. A veces tardábamos semanas para preparar dos o tres canciones… pero aprendí muchísimo.
Después de Swing Latino, nunca volví a formar parte fija de una orquesta. Hice sustituciones sueltas, sí, pero nunca me volví a sentir parte de algo así… hasta ahora.
Una de las actuaciones más curiosas fue en Tejeda, en las fiestas del Almendro en Flor. Ya sabíamos que iba a hacer frío, pero lo que no sabíamos era que íbamos a tocar congelados.
De verdad, al principio ni sentía los dedos. Pero en cuanto arrancamos con los merengues… eso fue otro rollo. La gente empezó a bailar, nosotros también, y el cuerpo empezó a entrar en calor. Hubo un momento en el que algunos de nosotros tuvimos que quitarnos ropa, ¡porque estábamos sudando!
Yo, que no paro de moverme mientras toco… acabé bailando como si estuviéramos en pleno agosto.
La Melody de hoy la formamos 14 músicos, y eso ya es un lujo. Pero lo más especial para mí es que está formada por una mezcla preciosa:
Mis amigos de toda la vida, con los que crecí musicalmente… y muchos de mis alumnos del Centro de Educación Musical Isidro Rodríguez.
Para mí, eso es una maravilla. Ver cómo se mezclan generaciones, estilos, maneras de aprender… y cómo se crea algo tan potente desde ahí.
Y hablando de cosas que disfruto… no puedo dejar fuera nuestros famosos Viernes de Mambo.
Hace poco más de un año, con mi alumno José, empezamos a grabar mambos —pero ojo, no mambos cualquiera—. Tocamos temas con técnica avanzada, difíciles, de esos que exigen precisión y energía.
Los subimos a redes, y la gente los ha recibido súper bien. Para mí es una forma de seguir conectado con la música latina, pero también de divertirme, enseñar y compartir algo distinto cada semana.
Ahora… te tengo que hablar del instrumento que más comentarios ha generado últimamente: el saxofón MIDI Yamaha YDS-150.
Yo lo uso con sonido de trompeta, como trompeta primera en la orquesta. Lo conecto a GarageBand (aunque estoy trabajando para usar Logic Pro con sonidos más top), y la gente flipa cuando lo ve.
Muchos no se dan cuenta de que no hay una trompeta real, ¡hasta que les digo que soy yo con el saxo!
Y lo más gracioso es que varios trompetistas que conozco han comentado en vídeos diciendo: “¡Te tienes que pasar a la trompeta ya!”.
Lo bonito es que ese instrumento me ha permitido estar en un rol diferente dentro de la orquesta, sin dejar de ser saxofonista… y eso es una pasada.
¿Y qué viene ahora? Pues… no puedo decir mucho aún, pero tenemos varias actuaciones programadas y nuevos proyectos que estamos terminando de cerrar.
Vamos a seguir creciendo, grabando, compartiendo… y por supuesto, subiendo contenido a nuestras redes, donde puedes seguir todo lo que hacemos:
📲 Instagram: @melodyorquestalaaldea
📘 Facebook: Orquesta Melody
Ahí vas a ver los ensayos, los vídeos de los mambos, las actuaciones… y seguro que algún que otro bailecito también.
Si algo me ha emocionado especialmente en todo este tiempo, ha sido ver a Rufino, que fue cantante de la Melody en sus inicios, volver con las mismas ganas y la misma alegría de siempre. Lo ves ensayar y actuar como si nunca hubiera pasado el tiempo. Y eso, te lo juro, es emocionante.
Porque esta orquesta no va solo de tocar bien. Va de compartir, de conectar con la gente, de pasarlo bien, de hacer comunidad a través de la música.
Para mí, la Orquesta Melody es eso: un reencuentro con mi historia, con mi gente y con todo lo que me hizo amar la música.
Y aunque los ensayos son exigentes, aunque hay que trabajar duro… cada vez que nos subimos a un escenario, me siento feliz, agradecido, y con ganas de seguir bailando.
Gracias por escuchar este episodio. Si te ha gustado, compártelo, déjanos un comentario, o simplemente… ¡baila un merengue por nosotros!
Y ya sabes:
Cuando la música se hace con cariño, se nota. Y nosotros, en la Orquesta Melody, tenemos mucho que dar todavía.
Nos vemos pronto. ¡Un abrazo!
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¡Hasta la próxima!