104.- Así sonó El Pleito de La Aldea

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104.- Así sonó El Pleito de La Aldea
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Bienvenidos a Isidro Música, el podcast donde exploramos el mundo del saxofón y la enseñanza musical. Soy Isidro Rodríguez, saxofonista, profesor y director del Centro de Educación Musical Isidro Rodríguez. Si quieres saber más sobre mi trabajo, acceder a clases online o conocer las agrupaciones de nuestra academia, te invito a visitar isidromusica.com. Ahora sí, disfrutemos juntos de este episodio.

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Hoy quiero hablarles de una experiencia que vivimos hace unas semanas y que, sinceramente, tenía muchas ganas de compartir por aquí. El pasado 3 de septiembre tuve la oportunidad de asumir la dirección musical de la representación teatral de El Pleito de La Aldea, un proyecto que llegó hasta nosotros a través de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de La Aldea de San Nicolás y que desde la primera reunión aceptamos con muchísima ilusión, pero también con un enorme respeto.

Y digo respeto porque no estábamos hablando simplemente de poner música a una obra de teatro. Estábamos trabajando sobre una parte fundamental de la historia de nuestro municipio y, además, en un año especialmente significativo, con la celebración del centenario de la resolución del Pleito de La Aldea. Asumir la responsabilidad musical de una representación creada y representada aquí, en nuestro propio pueblo, tenía un peso especial.

Curiosamente, para mí también supuso acercarme de una manera mucho más profunda a una historia que, siendo aldeano, conocía, evidentemente, pero sobre la que todavía tenía muchísimo por descubrir. Y hacerlo desde dentro de una obra de teatro fue probablemente una de las maneras más bonitas de conocerla.

Mi trabajo comenzó mucho antes de subir al escenario. Una de las partes que más tiempo nos llevó fue estudiar cada una de las escenas y preguntarnos qué podía aportar la música en cada momento. No quería simplemente buscar canciones conocidas de nuestro pueblo y colocarlas porque sí. La música tenía que tener una razón para estar ahí.

Así que hicimos un trabajo bastante minucioso: analizamos las escenas, revisamos los diferentes cantos dedicados a La Aldea y fuimos relacionando incluso las letras de esas canciones con lo que estaba sucediendo dramáticamente. De ese proceso fueron apareciendo temas como La Aldea, Soy aldeano, La vieja Alameda, Rincón del alma o nuestro propio Himno, entre otros, y después llegó un segundo proceso igualmente importante: conseguir que todo aquello funcionara musicalmente dentro de la representación.

Y ahí tengo que hablar necesariamente de Rayko León.

Rayko fue el encargado de realizar los arreglos y además estuvo al piano durante la representación. Yo había realizado esa primera propuesta musical a partir del estudio de las escenas y de las letras, pero a partir de ahí comenzó un trabajo compartido. Rayko hizo también sus propias sugerencias, planteamos algún cambio en los temas inicialmente seleccionados y finalmente él fue dando forma a los arreglos que escuchamos sobre el escenario.

Era la primera vez que tenía la oportunidad de trabajar directamente con él y ha sido una experiencia extraordinaria. Poder contar en un proyecto así con un músico, pianista, compositor y arreglista de su nivel fue un auténtico lujo.

Pero si hubo algo de lo que terminé especialmente satisfecho fue del equipo de músicos que conseguimos reunir.

Y utilizo conscientemente la palabra equipo, porque cuando tienes que hacer música dentro de una obra teatral no basta con juntar buenos instrumentistas. Necesitas personas capaces de escuchar, adaptarse, reaccionar ante lo que sucede sobre el escenario y entender que, en ese momento, nosotros no somos los protagonistas. Nuestra función es acompañar una historia.

En la voz contamos con José Ángel Cubas, una voz tremendamente reconocible en nuestro municipio. José Ángel tiene una amplísima trayectoria tanto en la música folclórica como en la música latina y lleva muchísimos años formando parte también de las verbenas de nuestro pueblo. Es una de esas voces que la gente reconoce inmediatamente y, para un proyecto tan vinculado a La Aldea, me parecía especialmente bonito contar con él.

A la guitarra estuvo Raúl Hernández, un guitarrista excelente y además un músico al que valoro muchísimo por su capacidad de adaptación. Es de esas personas que pueden improvisar, reaccionar y solucionar cualquier imprevisto sobre la marcha. En un espectáculo teatral, donde pueden ocurrir muchísimas cosas en directo, tener a alguien así a tu lado es una garantía.

Al bajo contamos con Yarel, un músico muy joven, pero que ya trabaja profesionalmente con numerosos grupos y en estilos muy diferentes. Es un bajista tremendamente versátil y, además, compañero en nuestra Escuela de Música, alumno y una persona muy cercana para mí. Cuando pensé en este proyecto, sinceramente, no dudé ni un segundo en contar con él.

Y en la percusión estuvo Carlos Valencia, profesor también de nuestra Escuela de Música y un grandísimo profesional con quien llevo muchísimos años compartiendo proyectos, escenarios y nuestro día a día, tanto profesional como personalmente. Tener a Carlos allí era otra de esas decisiones que me daban tranquilidad desde el primer momento.

Y después estaba yo, al saxofón y asumiendo la dirección musical del proyecto.

Mi participación como instrumentista fue relativamente pequeña, porque aquí la música nunca debía competir con la obra. Tenía que aparecer cuando era necesaria, acompañar la escena, reforzar determinadas emociones y después saber desaparecer.

Pero precisamente esa pequeña participación me permitió vivir otra experiencia que tenía pendiente.

Hace algún tiempo les hablé aquí en el podcast de la Selmer Jazz Tribute 7* para saxofón tenor. En aquel momento solamente había podido probarla durante unos minutos y decía que todavía faltaba lo verdaderamente importante: sacarla de casa, llevarla a un ensayo y ponerla a trabajar en una situación musical real.

Pues bien: su primera prueba seria llegó precisamente con El Pleito de La Aldea.

La utilicé con mi Selmer Axos tenor y una Légère American Cut número 3, y tengo que decir que ha superado ampliamente mis expectativas.

Fue una auténtica delicia tocar con ella. Encontré un sonido muy cálido, muy aterciopelado, sin una estridencia excesiva y, sobre todo, tremendamente cómodo. Hubo momentos en los que yo mismo estaba sorprendido con la sensación y con el sonido que estaba obteniendo. Cuando la probé por primera vez ya me había llamado la atención precisamente porque, pese a ser una boquilla metálica y visualmente muy llamativa, me ofrecía un sonido mucho más dulce, centrado y controlado de lo que esperaba. Después de utilizarla en un escenario real, aquellas primeras sensaciones no solamente se han confirmado: creo que se han superado ampliamente.

Pero si tengo que quedarme con una imagen de aquella noche, no es con una boquilla ni con un saxofón.

Es con el final.

Recuerdo interpretar Soy aldeano al terminar la representación y ver a la gente ponerse en pie. Después llegaron las felicitaciones, las conversaciones y, sobre todo, ver a muchísimas personas realmente emocionadas por lo que acababan de vivir.

Y ahí entendí que todo aquel trabajo previo había merecido la pena.

Porque detrás de unos minutos de música hubo muchísimas decisiones: estudiar una escena, leer una letra, descartar una canción, cambiar otra, decidir dónde tenía que entrar el piano, dónde debía aparecer una voz, cuándo tenía sentido el saxofón y, probablemente lo más importante, cuándo la música tenía que guardar silencio.

Para mí, dirigir musicalmente El Pleito de La Aldea ha sido mucho más que otro proyecto profesional. Me ha permitido conocer mejor una parte de nuestra propia historia, trabajar por primera vez con músicos a los que admiraba, volver a compartir escenario con compañeros y amigos y comprobar una vez más algo que muchas veces olvidamos los músicos: no siempre tenemos que ser protagonistas para que nuestro trabajo sea importante.

A veces nuestra función consiste simplemente en encontrar la música adecuada para ayudar a contar una historia.

Y en esta ocasión, además, era la historia de nuestro pueblo.

Gracias a todas las personas que hicieron posible El Pleito de La Aldea, al Ayuntamiento y a la Concejalía de Cultura por confiar en nosotros para asumir esta responsabilidad, a todo el equipo artístico y técnico y, por supuesto, a Rayko, Raúl, Carlos, Yarel y José Ángel por hacer que aquella selección de nombres que un día puse sobre un papel terminara convirtiéndose exactamente en el equipo que imaginaba.

Y gracias también a todas las personas que estuvieron allí aquella noche y que nos hicieron llegar después tanto cariño.

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¡Hasta la próxima!